El teletrabajo, una tendencia que no termina de cuajar entre las empresas españolas

Miles de trabajadores en España han pensado más de una vez: “¿quién pudiera trabajar desde casa?”, mientras desesperaban con su coche en un atasco o al tener que pedir el día libre por una avería en el hogar. Aunque España no esté a la vanguardia de esta nueva modalidad de trabajo, lo cierto es que cada vez más las empresas dan facilidades para que sus empleados puedan trabajar, al menos ocasionalmente, desde su casa.

Esta nueva forma de concebir el trabajo tiene numerosas ventajas pero no está siendo fácil de implantar en nuestro país, donde solo un 1,3% trabaja ocasionalmente a distancia, según datos del Instituto Nacional de Empleo (INE). Otros países europeos, como Bélgica y Países Bajos, lo han ido implantando de forma creciente en los últimos años y, aunque con notables diferencias entre países, la media europea se sitúa a día de hoy en un 8,4%. Muy lejos todavía del promedio español.

Esta manera de trabajar tiene un largo camino que recorrer para estar asentada jurídica y socialmente en España, pero las empresas apuestan por ello cada vez más. Es una buena decisión, ya que la flexibilidad laboral aumenta la satisfacción de los empleados, tal como indica el estudio de IDC y Cornerstone “Impulsando la cultura de la innovación en la era de la transformación digital”. Este estudio identifica los beneficios del trabajo flexible tanto para la compañía como para los trabajadores y cómo pueden fomentarlo las empresas:

  • Uno de los beneficios más reconocidos por los trabajadores es la flexibilidad horaria, que permite una organización de tiempo y tareas a medida, de modo que faciliten la conciliación laboral y familiar. Esto conlleva un gran compromiso personal por parte del trabajador, que, por su parte, se responsabiliza de sacar adelante su trabajo y cumplir sus objetivos laborales.
  • Otro beneficio muy valorado por las empresas es el ahorro. El trabajo desde el hogar permite a la empresa reducir diariamente los costes de luz, calefacción o telefonía. Incluso el alquiler de las oficinas, que podrían reducirse a espacios diáfanos donde puedan celebrarse reuniones puntuales. También el empleado ahorra, no solo en combustible o abono de transporte, sino también en tiempo, un activo más valioso aún. Además, esta reducción favorece a la sostenibilidad de las ciudades reduciendo los niveles de contaminación, y una mayor movilidad, al descongestionar el tráfico en las vías de acceso a hora punta.
  • Mejora de la productividad. En un país en el que estamos acostumbrados a trabajar bajo la supervisión de un jefe y donde incluso puede estar mal visto salir de la oficina en el horario fijado, nos cuesta creer que teletrabajar pueda ser una forma de realizar nuestra labor igual de exigente que acudir a la empresa.

Pero la realidad no dice lo mismo. Las personas que trabajan desde casa, al ganar autonomía, son mucho más productivas en sus horas de trabajo y logran abarcar más tareas en menos tiempo que un trabajador con un horario estipulado. Además, son más felices trabajando, al ver que pueden compatibilizar su vida laboral con el resto de aspectos de su vida personal.

Y ahora bien, ¿cómo favorecer la implantación del teletrabajo en las empresas? Las empresas deben adoptar programas para fomentar una cultura inclusiva, donde el trabajador se sienta parte importante de la compañía a pesar de no trabajar físicamente allí; planes de formación que doten a los trabajadores de las herramientas tecnológicas necesarias para ejercer sus funciones a distancia con eficacia; y pautas de planificación y organización del trabajo para que los equipos, a pesar de la distancia, trabajen más unidos que nunca.

A su vez, la empresa debe establecer canales de comunicación fluidos que permitan la existencia de entornos laborales colaborativos y abiertos. Esto permitirá a los trabajadores libertad e iniciativa a la hora de organizar su trabajo y al mismo tiempo se sentirán parte activa de la empresa.