Las redes sociales a examen

El fundador de Facebook, Mark Zuckerberg, ha acudido al Parlamento Europeo, igual que hace unas semanas al Congreso de EEUU, para dar explicaciones por los errores cometidos por su compañía en cuanto al mal uso de los datos de sus usuarios por parte de Cambridge Analytica.

Lo que no es un síntoma más de que las redes sociales empiezan a estar cuestionadas y, también, a cansar. Y son las propias compañías las que se están percatando y dando la voz de alarma.

Estar pendientes o, lo que todavía es peor, ser dependiente de estas comunicaciones y sentirse vigilados empieza a pasar factura. Y la gente parece que no está dispuesta a seguir este juego.

A ello se unen las informaciones falsas, los acosos, las bajas de muchos famosos, incluso la vacuidad de esta actividad, que pocas veces resulta productiva. Por no hablar de la injerencia en procesos electorales, como ha pasado últimamente con los casos de Cataluña, Holanda, el Brexit o las presidenciales de EE. UU. O la falta de intimidad para muchos, así como lo que están dispuestos a subir otros para hacerse notar.

Cambio en la percepción y valor

Se puede hablar, por tanto, de cierto cambio en la percepción y en el valor de estas redes, donde, hasta hace poco, si no estabas parecía que no existías; mientras que ahora empiezan a suponer una carga, en cierto modo insoportable, como así lo confirman las bajas que se están produciendo en las mismas o las cuentas falsas que tienen que vigilarse y cerrarse, cifradas en más de 80 millones en el caso de Facebook, tal y como ha manifestado Zuckerberg en su comparecencia en el Parlamento Europeo.

También está el hecho del recurso que suponen para desaprensivos, bien sea para hacerse una idea de lo que pueden apropiarse o para cosas peores. Aunque sin llegar a tales extremos, también están los casos en los que se están utilizando para influenciar en los compradores a través de tácticas que poco o nada tienen que ver con el comportamiento ético. Así como para atacar la reputación de personas o entidades.

Tiempos mejores

En un principio, el culto a la presencia y a la notoriedad habían sido su fuerte. Derivándose después a otros usos, con funcionalidades incluso poco o nada esperadas, como fue en el caso del papel desempeñado en movimientos sociales, como la llamada primavera árabe o el 15-M en nuestro país.

Pero, como en el cuento, parece que tanto va el cántaro a la fuente que termina por romperse; en este caso, la magia o el empoderamiento que, en ocasiones, han supuesto la utilización de estas redes sociales, como parece revindicar Donald Trump.

El propio Mark Zuckerberg envió un memorándum a todos los empleados de Facebook para tratar la situación preocupante por la que atraviesa su red, y por lo que tuvo que pedir perdón tanto en la comisión norteamericana como europea.

Modelo de negocio

De hecho, parece que Internet se está convirtiendo en una especie de campo de batalla, donde todo vale. Y eso asusta a las personas, inseguras de publicar y de compartir, lo que antes era estimado e, incluso, compulsivo.

En 2012, la red social más popular para la distribución de noticias en línea era Twitter. Las publicaciones de 140 caracteres aceleraron la velocidad a la que las noticias podían extenderse, lo que permitió que su influencia en la industria de las noticias creciera rápidamente. Pero la avalancha de noticias falsas y la crispación han inundado sus páginas.

Según los expertos, el problema es el modelo de negocio, pues el usuario acepta ceder datos a cambio de un servicio gratuito y las firmas publicitarias pagan por ello. Cuanto más tiempo pasamos en estas plataformas, más datos pueden extraer de nosotros. Así, una noticia o contenido sensacionalista o, incluso, falso puede captar más la atención, y de ahí deriva todo.